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Enseñanzas de Kenji Tomiki Shihan - arte y espíritu
El 10 de octubre de 1969, Tomiki Shihan y Oba Shihan viajaron al campus de Showacho de la Universidad de Momoyama Gakuin en Osaka con miembros del club de aikido de las universidades de Waseda, Kokushikan y Seijo. Aquí comenzaron la introducción del randori en siete universidades de la zona de Kansai.
Durante el regreso a Tokyo, tras un breve tiempo, Shihan dijo algo como: "Parece que los estudiantes de Kansai realmente quieren hacer randori. ¿Irías a Osaka en mi lugar?" Era un verdadero honor ser recomendado, pero ya que yo ya tenía una oferta de trabajo no oficial no podía dar una respuesta inmediata. Por vez primera mi padre y yo tuvimos una conversación de hombre a hombre. Hablé frenéticamente sobre mi entusiasmo y sueños de hacer aikido. Mi padre me contó como sus deseos de joven nunca llegaron a cumplirse. El me animó diciéndome: "Solo serás joven una vez". Los consejos del Shihan fueron mi impulso y me comprometí con Tomiki Sensei para poder llevar una vida de aikido.
En el otoño de 1969, cuando acabada de convertirme en estudiante de 4º año, decidí ir como instructor a Osaka para extender el randori entre los estudiantes del área de Kansai. Era normal que no asistiera a los entrenamientos como estudiante de 4º año, pero continué practicando, lo que no agradó a los directores del club.
Por estos días Shihan estaba al cargo de un curso de teoría del budo en la Facultad de Educación Física, por lo que asistí a sus clases. Cuando enseñaba su voz era calmada, tranquila y muy fácil de escuchar. Sin embargo, la mayoría de los estudiantes que asistieron a sus clases se encontraban durmiendo sobre sus pupitres, hablando con la persona de al lado o haciendo algo que no tenía nada que ver con la clase. Los únicos que escuchaban interesados eran unas pocas personas de la primera fila.
Por aquél tiempo, en uno de los días de las clases del Shihan, lo acompañé desde la universidad a la estación de Umegaoka. En una cafetería situada enfrente de la estación me invitó a su pastel de manzana y crema choux favorito. Mi mente danzaba conforme escuchaba sus profundas ideas y planes a largo plazo sobre su aikido competitivo.
Sin embargo aquel día, mientras nos sentábamos, le dije: "Sensei, con respecto a la clase de hace algún tiempo, nadie estaba escuchando y la mayoría estaba durmiendo. Creo que no tuvo sentido y fue una pérdida de tiempo". Cuando lo pienso ahora, creo que fue de mala educación habérselo dicho. Como siempre, escuchaba silenciosamente mientras asentía con su cabeza. Al final, dijo: "Nariyama, incluso si solo un estudiante estuviese escuchando con todo su interés, lo haría". Como persona joven estas palabras tuvieron un gran impacto en mí y me dejaron huella. Se me quedaron grabadas en mi mente y viven en mi espíritu de profesor.
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